Y alzar un canto sin dueño

El atardecer caía como plomo sobre aquel barrio. En sus calles, se mezclaban los últimos rayos de sol y la melancolía de los enamorados despechados. Las vecinas salían de sus casas para relucir las últimas novedades de quienes viven en el barrio, como lobas hambrientas que despellejan a sus presas. Los hombres retornaban casi en caravana luego de una frustrante jornada laboral, donde una vez más, descubrían que la vida se les va como un río caudaloso. Los niños corrían por última vez los patios de la escuelita, con una sonrisa que terminaba en un lagrimón por pensar que mañana deberán volver. Todos los vecinos del barrio, especulaban en la tristeza de retomar la rutina al día siguiente. Nadie sonreía, salvo aquel niño de la esquina. Aquel botija, casi un ángel, cargaba una pequeña tumbadora.
Caminaba a paso lento como estudiando cada rincón del arrabal. Su tambor se hacia escuchar aún en el tumulto de ruidos de la avenida que divide en dos el barrio. En cada nota, los colores se esparcían ahuyentando la palidez de las paredes de las viejas casas. Los hombres postrados en los sillones mirando la caja estúpida, se pusieron en pie al oír aquella música y sin quererlo, comenzaron a moverse al compás del ritmo del tambor. Las viejas chusmas del barrio, dejaron de alegrarse por la desgracia ajena y comenzaron a crear hermosas poesías para acompañar al pequeño botija. Y los escolares, dejaron a un costado la merienda y salieron a la calle, con sus caritas pintadas con los colores del arco iris. Todo el barrio dejo de pensar en el mañana, y las sonrisas llegaron de la mano de un candombe. Y en ese momento, aquel niño, desapareció como un ángel que acaba de cumplir su misión.

“Quiero sentirme pequeño
y alzar un canto sin dueño
en honor a la verdad
ver volar un verso en rima
y verlo en cualquie esquina
pregonando la ciudad”
Entre nostalgias – Araca la cana

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~ por tedoyunacancion en mayo 20, 2008.

 
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